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lunes, 30 de abril de 2012

Memorias de un Superviviente



Hace ya un año que todo se fue a la mierda.
Los terremotos asolaron la superficie, devastando las ciudades. No tardaron en llegar los tsunamis, dejando arrasadas las zonas costeras.

Fue entonces cuando los gobiernos comenzaron a comportarse como capullos. Los saqueos de recursos a países tercermundistas apenas paliaron las hambrunas. Muchos países comenzaron a ver el estado policial como una respuesta efectiva a las protestas violentas de esos “hippies” que protestaban contra el expolio.

Poco a poco, la falta de comida y combustible volvió loca a la gente, y las barricadas, las manifestaciones y los incendios a los edificios públicos se convirtieron en el pan de cada día.
Pero todavía faltaba por llegar lo peor. Un día a uno de esos locos del turbante le dio por apretar el botón rojo. Antes de que el misil tocase el suelo, decenas de bombas atómicas cruzaban el cielo. La Guerra Nuclear fue corta. En menos de un mes las grandes capitales habían caído.

martes, 19 de enero de 2010

Nuclear

Caminé despacio sobre los frangmentos de mi casa.
Todo, todo absolutamente se había evaporado en mitad de la explosión. Solo quedaba polvo y ruinas.
Los objetos practicamente se habían desintegrado, los retratos y las cartas que me enviaron mis amantes ya no existian.
Trozos de cristales se me clavaban en los pies haciendome llorar. En la esquina de lo que había sido mi hogar se podía adivinar el esqueleto de un sillón, el mismo donde dormí y amé a mil mujeres.
El vello de mis brazos se erizaba por el frio del invierno nuclear, incluso dentro del traje especial.

Me senté y jugueteé con un resto de ladrillo que iluminaba la luna llena.
Entonces comencé a reirme.
Toda mi vida se había hecho añicos, todos mis recuerdos, todos mis amigos no eran mas que polvo radioactivo volando en un rayo de luna.
Estaba solo.

Me quité la escafandra y aspiré el aroma de la desolación.
La radiación no huele, ni duele ni se puede sentir, sin embargo percibí mentalmente el daño irreparable que alteraba la cromatina de mis células.
Me tumbé y comencé a contar las estrellas que había en el cielo por última vez.